LOUISA MAY ALCOTT

LOUISA MAY ALCOTT

La autora de la novela “Mujercitas” nació en Germantown, Pensilvania (EEUU), en 1832 y falleció en Boston, en 1888. Al estar sus padres relacionados con influyentes pensadores trascendentalistas como Ralph Waldo Emerson, Margaret Fuller y Henry David Thoreau, accedió a una rica formación, completada en especial por su padre, que también educó a las tres hermanas de Louisa. Estas ideas están plasmadas en sus primeros escritos, “Fábulas de flores” o “Silver Pitchers”.

También, sus crónicas como enfermera, publicadas en la revista Atlantic Monthly, y su novela “Moods” captaron la atención de editores y lectores. Louisa, que trabajó como costurera, maestra y propiamente escritora para ayudar en la economía familiar, ganó de estas experiencias un punto de vista lleno de humanidad y de afecto que emocionaría a sus seguidores.

A pesar de que su éxito más reconocido es por la mencionada “Mujercitas”, Louisa May Alcott compuso obras de géneros dispares, desde las novelitas eróticas y de misterio firmadas como A. M. Barnard a historias infantiles con moraleja. La trama en parte autobiográfica de “Mujercitas” fue continuada por “Aquellas mujercitas” y “Hombrecitos”. La misma autora nunca se casó, y defendió la causa de los derechos de la mujer.

Murió a causa de las secuelas por envenenamiento con mercurio, tras haber sido tratada de unas fiebres tifoideas que había contraído ayudando como enfermera.
Leamos algunas frases de sus libros:

Hazte digno del amor y éste vendrá.

 

No somos nosotros los que escogemos nuestras aptitudes y talentos; nacemos con ellos, y no conviene paralizarlos porque no nos gusten.

 

El verdadero talento y bondad no pasan mucho tiempo inadvertidos; aunque pasaran, el conocimiento de poseerlo y de usarlo bien, debe satisfacernos, la sencillez es el mejor encanto de todo poder.

 

El trabajo es saludable y hay bastante para todas; nos libra del aburrimiento y de la malicia, es bueno para la salud y el espíritu y nos da mayor sentido de capacidad y de independencia que el dinero o la elegancia.

 

Es un buen libro aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho.

 

Mientras uno encuentra en sí mismo y en lo que persigue, no puede sentirse viejo. El signo más cierto de la vejez es el sentimiento de la soledad.

 

Hay ancianos que se mantienen jóvenes de corazón a pesar de sus arrugas y canas; pueden comprender los pequeños cuidados y alegrías de los niños.

 

El amor desecha el temor, y la gratitud vence el orgullo.

 

¡Ánimo, corazón mío! Siempre hay luz detrás de las nubes.

 

Hasta las personas más insignificantes ejercen cierta influencia en el mundo.

 

Feliz semana,

Álex Rovira

Alex Rovira