PEDRO SALINAS

PEDRO SALINAS

“Cuando tú me elegiste –el amor eligió– salí del gran anónimo de todos, de la nada.”

 

El gran poeta del amor, con perdón de Pablo Neruda, fue uno de los pilares de la llamada Generación del 27, además de un académico y traductor de primer orden (gracias a su trabajo, escritores como Proust lograron un mayor conocimiento en los países de habla hispana).

Pedro Salinas, madrileño nacido en 1891, se quedó huérfano de padre a los seis años. Como dedicado estudiante, comenzó la carrera de Derecho, pero al cabo de un par de años, la cambió por la de Filosofía y Letras. Su inquietud literaria le llevó a doctorarse, a publicar sus primeros poemas en la revista Prometeo, del también escritor Ramón Gómez de la Serna, y a ser nombrado secretario de la sección de Literatura del Ateneo de Madrid.

Más tarde conseguiría sendas plazas en la Sorbona de París y en la Universidad de Sevilla (donde fue profesor del también gran poeta Luis Cernuda), solicitaría un lectorado de un año en la Universidad de Cambridge, para instalarse de nuevo en Madrid. Fue fundador en esos años de la revista Índice Literario, promovió el verso más libre de métrica y colaboró activamente con la Institución de Libre Enseñanza.

Casado con Margarita Bonmatí, conoció en la Universidad Internacional de Verano de Santander –cuya creación apoyó y que ayudó a gestionar como secretario general–, a la estudiante Katherine R. Whitmore. Con ella inició un romance que motivó la trilogía “La voz a ti debida”, “Razón de amor” y “Largo lamento”, aunque el matrimonio del poeta impidió que esta relación siguiera adelante. Aun así, la correspondencia entre ambos duró quince años, un amor que inspiró obras exquisitas, versos llenos de fuerza en los que este sentimiento es lo que aporta sentido a la existencia. Además de poesía, Salinas cultivó la prosa (“Vísperas de gozo”, “La bomba increíble”); la dramaturgia (piezas breves para Max Aub) y el ensayo sobre literatura (“La poesía de Rubén Darío”, “Literatura española. Siglo XX”).

Se exilió al terminar la Guerra Civil española y murió en Estados Unidos en 1951.

El poeta escribió…

 

Tu presencia y tu ausencia sombra son una de otra, sombras me dan y quitan.

 

Dentro del hombre ni esperanza empuja ni memoria sujeta.

 

Esta noche te cruzan verdes, rojas, azules, rapidísimas luces extrañas por los ojos. ¿Será tu alma?

 

Es que quiero sacar de ti tu mejor tú. Ese que no te viste y que yo veo, nadador por tu fondo, preciosísimo.

 

Tú vives siempre en tus actos. Con la punta de tus dedos pulsas el mundo, le arrancas auroras, triunfos, colores, alegrías: es tu música. La vida es lo que tú tocas.

 

Lo que eres me distrae de lo que dices.

 

No me fío de la rosa de papel, tantas veces que la hice yo con mis manos. Ni me fío de la otra rosa verdadera, hija del sol y sazón, la prometida del viento. De ti que nunca te hice, de ti que nunca te hicieron, de ti me fío, redondo seguro azar.

 

Quítate ya los trajes, 
las señas, los retratos;

yo no te quiero así, 
disfrazada de otra, 
hija siempre de algo.

Te quiero pura, libre, 
irreductible: tú.


Sé que cuando te llame
 entre todas las gentes 
del mundo,

solo tú serás tú.

 

Todo dice que sí.

Sí del cielo, lo azul,

y sí, lo azul del mar;

mares, cielos, azules 
con espumas y brisas,

júbilos monosílabos
 repiten sin parar.

Un sí contesta sí a otro sí.

 

El alma tenías

tan clara y abierta,

que yo nunca pude

entrarme en tu alma.


Busqué los atajos

angostos, los pasos

altos y difíciles…

A tu alma se iba

por caminos anchos.

 

Qué alegría, vivir

sintiéndose vivido.
Rendirse 
a la gran certidumbre,
oscuramente,

de que otro ser,
fuera de mí, muy lejos,

me está viviendo.

 

Feliz semana,

 

Álex Rovira

Alex Rovira