VIRGINIA SATIR

VIRGINIA SATIR

“Mis ideas y la comprensión de la espiritualidad personales comenzaron con mi propia experiencia de niña que creció en una granja lechera en Wisconsin (EE.UU.). En todas partes veía cosas crecer. Muy pronto, comprendí que el crecimiento era la fuerza de vida que se revela, una manifestación del espíritu… es la conciencia de que somos seres espirituales en forma humana. Esta es la esencia de la espiritualidad. El reto de ser más plenamente humano es ser abiertos y ponerse en contacto con ese poder que llamamos por muchos nombres, siendo el de Dios utilizado con frecuencia. Creo que una vida de éxito depende de nuestra decisión y de aceptar una relación con nuestra fuerza de vida.” 
(Virginia Satir, en su libro “Nuevas relaciones humanas”)

 

Cambio y transformación personal son dos conceptos clave en la trayectoria de la autora y psicoterapeuta Virginia Satir (1916-1988), en especial aplicados a la terapia familiar. En el extracto que acabamos de leer, de su puño y letra, percibimos a una persona curiosa y observadora de su entorno, y nada más lejos de la realidad, puesto que Satir aprendió a leer por sí misma a los tres años, y afirmaba que a los cinco ya establecía conexiones en las relaciones de las familias que conocía.

De esta manera, vemos que su labor resultó profundamente vocacional. De familia modesta y con el fin de graduarse (en Educación), aceptó trabajar media jornada y cursar el máximo de asignaturas en un breve periodo de tiempo. Tras superar también un master en Trabajo social por la Universidad de Chicago, inició la práctica terapéutica privada con familias, consultas que la llevaron años después a fundar en California el Instituto de Investigación Mental.

En su brillante carrera fue reconocida con numerosos galardones y doctorados honoris causa. Y es que, la gran aportación de Virginia Satir a la Psicología y al desarrollo personal es un modelo de cambio que se sustenta en la humanidad del individuo: si la persona se libera de sus miedos y despierta su coraje y capacidad para vivir su presente permite la transformación, para “convertirse en plenamente humano”, en palabras de Satir. Tomando como punto de partida a cada individuo, esta transformación se da en la familia y en otros grupos humanos, también organizaciones. Se trata de un modelo aplicable desde el núcleo familiar a la empresa y al conjunto de la humanidad y que persigue las relaciones armoniosas. La conexión con nuestro Yo y la consciencia de lo que nos limita o nos estimula nos otorga el poder de decidir, gestionar y transformar nuestra realidad interior y exterior de una manera positiva.

De ahí que esta terapeuta fue pionera en señalar que los problemas superficiales eran una manifestación de lo que verdaderamente bloqueaba al paciente, a menudo ligado con experiencias familiares negativas. Por esa razón, Satir redirigía la terapia a toda la unidad familiar, más allá del individuo. Libros como “Terapia familiar paso a paso”, “En Contacto Íntimo: Cómo relacionarse con uno mismo” y “Nuevas Relaciones Humanas en el Núcleo Familiar” popularizaron sus teorías, que hoy se aplican en todo el mundo. Destacamos algunos textos que reflejan los puntos fuertes de estas teorías:

 

No debemos permitir que las percepciones limitadas de otras personas nos definan.

 

Podemos aprender algo nuevo en cualquier momento si creemos que podemos.

 

Los problemas no son el problema; afrontarlos es el problema.

 

Yo Soy Yo

En todo el mundo no hay nadie como yo.

Hay personas que tienen algo en común conmigo, pero nadie es exactamente como yo.

Por lo tanto, todo lo que surge de mí es verdaderamente mío porque yo sola lo escogí.

Soy dueña de todo lo que me concierne:

De mi cuerpo, incluyendo todo lo que hace; mi mente, incluyendo todos sus pensamientos e ideas;

mis ojos, incluyendo las imágenes de todo lo que contemplan;

mis sentimientos, sean lo que sean, ira, gozo, frustración, amor, desilusión, excitación;

mi boca, y todas las palabras que de ella salen, corteses, tiernas o rudas, correctas o incorrectas;

mi voz, fuerte o suave, y todas mis acciones, ya sean para otros o para mí misma.

Soy dueña de mis fantasías, mis sueños, mis esperanzas, mis temores.

Soy dueña de todos mis triunfos y logros, de todos mis fracasos y errores.

Como soy dueña de todo mi yo, puedo llegar a conocerme íntimamente.

Al hacerlo, puedo amarme y ser afectuosa conmigo en todo lo que me forma.

Puedo así hacer posible que todo lo que soy trabaje para mi mejor provecho.

Sé que hay aspectos de mí misma que me embrollan, y otros aspectos que no conozco.

Mas mientras siga siendo afectuosa y amorosa conmigo misma, valiente y esperanzada,

puedo buscar las soluciones a los embrollos y los medios para llegar a conocerme mejor.

Sea cual sea mi imagen visual y auditiva, diga lo que diga, haga lo que haga,

piense lo que piense y sienta lo que sienta en un instante del tiempo, esa soy yo.

Esto es real y refleja donde estoy en ese instante del tiempo.

Más tarde, cuando reviso cuál era mi imagen visual y auditiva, qué dije y qué hice, qué pensé y qué sentí,

quizá resulte que algunas piezas no encajen.

Puedo descartar lo que no encaja y conservar lo que demostró que sí encaja.

E inventar algo nuevo en vez de lo que descarté.

Puedo ver, oír, sentir, pensar, decir y hacer.

Tengo las herramientas para sobrevivir, para estar cerca de otros, para ser productiva,

y para encontrar el sentido y el orden del mundo formado por la gente y las cosas que me rodean.

Soy dueña de mí misma, y por ello puedo construirme.

Yo soy yo y estoy bien.

 

Quiero poder amarte sin aferrarme,

apreciarte sin juzgarte,

encontrarte sin agobiarte,

invitarte sin insistencia,

dejarte sin culpabilidad,

criticarte sin censurarte,

ayudarte sin disminuirte.

Si quieres concederme lo mismo,

entonces realmente podremos reunirnos y ayudarnos a crecer mutuamente.

 

Los sentimientos de valor solo pueden florecer en un ambiente donde las diferencias individuales son apreciados, los errores son tolerados, la comunicación es abierta y las reglas son flexibles —el tipo de atmósfera que se encuentra en una familia que nutre—.

 

Las cinco libertades:

La libertad de ver y oír lo que hay, en lugar de esperar lo que debería ser, lo que era, o lo que será.

La libertad de decir lo que siento y pienso, en lugar de decir lo que pienso que debería decir.

La libertad de sentir lo que siento, en lugar de sentir lo que creo que debería sentir.

La libertad de pedir lo que quiero, en lugar de esperar el consentimiento ajeno.

La libertad de correr mis propios riesgos en lugar de conformarme con la seguridad.

 

En los momentos de infelicidad, cuando el mundo nos parece vacío, solemos salir de nosotros mismos, huir de este espectáculo de un Yo paralítico, negativo, para buscar afuera lo que en realidad solo está dentro. Establecer contacto con uno mismo y con los demás no es un juego que consista en que uno gane su tanto y viva feliz para siempre… Es una forma de mantener la integridad y alimentar la autoestima en crecimiento y, a la larga, fortalecer las relaciones consigo mismo y con los demás… En la medida en que esto sea factible, mayor posibilidad habrá de sentirnos amados, de que estemos sanos y aprendamos a resolver nuestros problemas con mayor eficiencia.

 

Os deseo una feliz semana.

 

Álex Rovira

Alex Rovira