LUDWIG WITTGENSTEIN

LUDWIG WITTGENSTEIN

Elijo dos citas para presentar a uno de los filósofos que más trabajó en nuestra percepción del mundo, el austríaco nacionalizado británico Ludwig Wittgenstein (Viena, 1889- Cambridge (Reino Unido), 1951):

 

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente.

 

Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo.

 

Hablo a menudo de que “Creer es crear” y, en este sentido, la obra de Wittgenstein me entusiasma porque focaliza en el pensamiento como una representación de la realidad y, así, que la realidad de una persona se entiende en función de lo que piensa. Desde esta premisa, tiene sentido la revolución y la evolución personal: creer en nosotros mismos para poder llegar a ser quienes podemos ser.

Manejamos estos conceptos con naturalidad hoy, pero a principios del siglo pasado, la lógica de este filósofo, matemático y lingüista aportó una visión que despertó un profundo interés, y que también suscitó críticas.

Su vida estuvo marcada por un ambiente intelectual excepcional: fue discípulo de Bertrand Russell en el Trinity College de la Universidad de Cambridge; amigo del economista J.M. Keynes, y en su círculo familiar –una de las familias más ricas del Imperio Austrohúngaro– eran habituales las visitas de los artistas y científicos más renombrados. Aun así, Ludwig renunció a parte de su fortuna, para repartirla entre tres de sus ocho hermanos.

De la ingeniería aeronáutica, derivó su interés a la filosofía matemática, para publicar el “Tractatus logico-philosophicus” en 1923, una obra que influyó en el Positivismo lógico y que propone la tesis ya mencionada: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Es decir, que podemos interpretar el mundo porque lo hacemos desde una forma lógica, la del pensamiento. En esta obra, Wittgenstein expone conceptos como la Teoría de la Figuración (lo que significan las cosas) o qué es la verdad (algo lógicamente posible).

Abandonó la filosofía durante años tras este trabajo, aunque regresó a esta disciplina con otra perspectiva, expuesta en sus obras póstumas “Investigaciones filosóficas” y “Los cuadernos azul y marrón”. Del acusado empirismo de su primera etapa, Ludwig se acerca en estos libros a la llamada Filosofía de la mente. Analiza los ‘términos mentales’ para entender la experiencia personal respecto a una emoción o sentimiento. Por ejemplo, el significado de dolor puede resultar genérico, pero la sensación en cada persona tiene matices y, por tanto, el dolor de cada uno es único.

Más propuestas de este filósofo:

 

El mundo es todo lo que acaece.

 

La filosofía es una lucha contra el embrujamiento de nuestra inteligencia mediante el uso del lenguaje.

 

Imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida.

 

Nada es tan difícil como no engañarse.

 

Nuestra vida es como un sueño. Pero en las mejores horas nos despertamos lo suficiente como para darnos cuenta de que estamos soñando. La mayor parte del tiempo, sin embargo, estamos profundamente dormidos.

 

Nuestra civilización se caracteriza por la palabra “progreso”. El progreso es su forma, no una de sus cualidades, el progresar. Es típicamente constructiva. Su actividad estriba en construir un producto cada vez más complicado. Y aun la claridad está al servicio de este fin; no es un fin en sí. Para mí, por el contrario, la claridad, la transparencia, es un fin en sí.

 

¡No juegues con las profundidades de otro!

 

Nuestras mayores tonterías pueden ser muy sabias.

 

Muy feliz y consciente semana,

 

Álex Rovira

Alex Rovira