EL ARQUERO Y LA LUNA

EL ARQUERO Y LA LUNA

Esta semana quiero compartir un bello cuento que me contó Alejandro Jodorowsky sobre la utopía, sobre el anhelo que nos lleva a perseverar y sobre lo inesperado que nos regala la vida cuando nos entregamos a trabajar con pasión por algo y con toda el alma.

Érase una vez un joven muchacho que quería ser el mejor arquero del mundo.

Se dirigió un día al que se consideraba el mejor maestro arquero de su país, y le expresó su deseo: 

-Maestro, quisiera ser el mejor arquero del mundo, ¿qué podría hacer? -preguntó el joven-.

-Si quieres ser el mejor arquero del mundo, debes alcanzar con una de tus flechas a la Luna. Hasta ahora nadie lo ha conseguido. Tú serías el primero si lo lograras, y al hacerlo, nadie cuestionaría que eres el mejor -respondió el maestro-.

De este modo, el muchacho decidió seguir el consejo que le había sido dado. Preparó su arco y sus flechas, y cada noche disparaba a la Luna que salía tras el horizonte del mar. Cada noche, perseverante, sin faltar ninguna vez a su cita, fuera la Luna llena, menguante, creciente, incluso cuando era nueva y apenas se adivinaba su leve luz.

Los vecinos y amigos se burlaban de él. “El loco de la Luna”, le llamaban. Pero él, ignorando los insultos, provocaciones y ofensas, seguía cada noche en su empeño.

El caso es que nadie sabe si en alguna ocasión alcanzó la Luna, pero su empeño y los millones de disparos de flechas que realizó en su intento por alcanzarla tuvieron un premio secundario: se convirtió, sin duda, en el mejor arquero del mundo. Era imbatible, de noche, y por supuesto, a plena luz del día.

Moraleja: quizás más importante que la realización de nuestros anhelos, es lo que nuestros anhelos nos hacen hacer para realizarnos.

Besos y abrazos,

Álex

Alex Rovira