Qué nos hace humanos es una pregunta que hoy importa más que nunca. La tecnología es útil, y conviene decirlo sin miedo y sin ingenuidad: nos ahorra tiempo, ordena información y abre posibilidades enormes. Pero hay cuestiones casi sagradas que no podemos delegar en ninguna máquina: la vincularidad, las emociones, la conexión espiritual y los valores y las virtudes puestos en acción.
En este artículo exploramos qué nos hace humanos, qué preguntas solo podemos responder nosotros y por qué, cuanto más avanza la inteligencia artificial, más necesitamos cultivar lo esencial.
Qué nos hace humanos: las preguntas que no se delegan
Hay preguntas que solo son humanas. ¿Qué quiero ser? ¿Qué no quiero ser? ¿Con quién quiero estar? ¿Con quién no? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Qué sentido quiero darle?
En el fondo, quizá todo se reduzca a tres preguntas: ¿qué es lo que no quiero? ¿Qué es lo que necesito? ¿Y qué es lo que quiero?
Conviene empezar por la primera, sobre todo en los momentos de crisis, esos que son a la vez crisálida y crisol. Antes de plantearte qué quieres, quizá toque depurar y simplificar. Qué ya no quiero que me hagan, pero también qué ya no quiero hacerme: un diálogo interior de autoexigencia despiadada o de desprecio. La segunda pregunta nos invita a distinguir lo necesario de lo accesorio, sin renunciar al placer ni al deseo. Y la tercera nos lleva a un querer menos centrado en lo material y más en la construcción de la identidad y en una mirada espiritual que no tiene por qué ser dogmática.
Una inteligencia artificial puede darte pistas. Si le entregas toda la información sobre ti, elaborará una narrativa bastante consistente. Pero una narrativa consistente no es una vida elegida. Lo fundamental es el diálogo interior, eso que antes se llamaba examen de consciencia: ¿somos conscientes de lo que nos decimos y de cómo se conectan nuestros pensamientos, emociones y acciones?
Y cuando tomas una decisión importante, lo decisivo no es solo la decisión. Son las conductas de autoafirmación con las que la consolidas después. Como decía Eduardo Galeano, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.
La responsabilidad es indelegable
Una de las cuestiones éticas que más veremos en el futuro es esta: cuando una decisión afecta a la vida de una persona y nos equivocamos, ¿de quién es el error, de la herramienta que lo sugirió o de quien decidió seguir ese camino? La respuesta es clara: la responsabilidad es indelegable. La IA no responde ante nadie, y nosotros sí.
Piensa en quien firma un texto que no ha escrito. Si luego alguien le hace una pregunta con cierta profundidad y empieza a balbucear, el público llegará a una conclusión muy simple. No solo se hunde la reputación de esa obra, sino la de quien la firmó. Delegar el trabajo es una cosa. Delegar la responsabilidad, otra muy distinta.
Qué nos hace humanos: somos seres de encuentro
Para vivir necesitamos oxígeno, agua y alimento, pero también algo menos evidente: caricias. Lo explicó Claude Steiner con su economía de caricias, y lo confirman las teorías del apego de John Bowlby.
Una caricia no es solo el contacto de la piel con la piel. Es una mirada, una sonrisa, un mensaje de nuestros hijos, una conversación con un amigo, una bicicleta compartida, horas de coche con tu pareja y buena música hablando de lo humano y lo divino. Quizá por eso crece tanto la compañía de animales: porque un ser vivo te recibe saltando de alegría tras un día terrible y te hace sentir que ha valido la pena llegar hasta aquí.
Hay caricias positivas, que invitan a sentirnos bien, y negativas, que invitan a sentirnos mal. Y ocurre algo revelador: cuando no recibimos suficientes caricias positivas, activamos mecanismos inconscientes para conseguir otras, aunque sean negativas. Provocaciones, discusiones, comportamientos pasivo-agresivos. Como escribió Faulkner, entre el dolor y la nada prefiero el dolor. Lo que pasa es que muchas veces no sabemos pedir caricias positivas, y pedirlas, como dar amor o pedir perdón, requiere coraje.
Las redes sociales y la inteligencia artificial pueden propiciar falsos encuentros. No es una crítica destructiva: pueden aportar valor. Pero el uso depende de la consciencia desde la que se haga.
Siete claves de lo que nos hace humanos
Si hay que resumir qué nos hace humanos, estas serían siete claves:
- Coraje. No como ausencia de miedo, sino como consciencia de que hay algo por lo que vale la pena arriesgarse.
- Responsabilidad. La capacidad de responder a los desafíos y oportunidades que nos da la vida.
- Propósito. El para qué. Quien tiene un porqué vivir encontrará casi siempre un cómo, y quien no sabe a qué puerto navega no encuentra viento favorable.
- Humildad. La vanidad ciega y la humildad desvela. Viene del humus, esas hojas que caen y se convierten en abono. No hay crecimiento sin saber soltar.
- Confianza. Genera compromiso, el compromiso genera calidad, la calidad lleva a la excelencia y la excelencia a una transformación visionaria. Y la excelencia no es un don, es un trabajo.
- Cooperación. Ningún ser humano es una isla, y sin diferencia no hay sinergia.
- Amor. El amor no es ciego, es lúcido; lo ciego es el deseo. Amar es cuidar, comprender la singularidad del otro e inspirar, es decir, ensanchar la vida de quienes nos rodean.
Lo que no se puede delegar
Decía José Luis Sampedro que vivía para comprender y no estorbar. Quizá ahí haya una brújula: comprender, aportar valor y defenderse cuando sea necesario.
Usa la tecnología, pero no le prestes tu voz interior ni tu responsabilidad. Porque la respuesta a qué nos hace humanos no está en ningún modelo de lenguaje, sino en lo que hacemos cada día para ser quienes queremos ser.
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Este artículo recoge ideas de la conversación que mantuve en el canal Aprendemos Juntos, de BBVA. Si quieres profundizar en cómo la confianza genera compromiso, por qué la responsabilidad es indelegable y qué lugar ocupa el amor en todo esto, te invito a ver la entrevista completa: ¿Qué nos hace humanos en la era de la IA? Álex Rovira, escritor y divulgador.
Un abrazo, Álex