SIMONE WEIL

SIMONE WEIL

Esta filósofa y activista francesa de corta vida (París, 1909-Ashford, Inglaterra, 1943) fue una intelectual brillante, honesta hasta las últimas consecuencias y llena de coraje. Su familia le ofreció un entorno de saber privilegiado (su hermano fue el prestigioso matemático André Weil) y ella misma destacó como estudiante de literatura clásica y filosofía en la Escuela Normal Superior de París, donde superó en calificaciones a la mismísima Simone de Beauvoir.

Empezó como docente a los 22 años, pero sus discrepancias con la metodología educativa y sus ideas políticas hicieron que cambiara a menudo de centro. Sindicalista y pacifista, conoce a las principales figuras del comunismo y del anarquismo, como Trotsky, Souvarine, Lazarévitch o Durruti. Ella misma trabaja como obrera en Renault y en el campo porque considera el trabajo manual como centro de la cultura, e inseparable del trabajo intelectual; afirma que la separación de manual e intelecto ha conducido a la relación de poder que tienen los más intelectualizados sobre los obreros, y aboga por la revolución responsable para la transformación de la sociedad.

Es tal su pasión por estas ideas de igualdad, que participa en la Guerra Civil Española, en el bando republicano, aunque nunca se atreve a usar las armas. De familia judía, emigrada a Estados Unidos bajo la amenaza de los Nazis, se alista también en la resistencia, en Inglaterra, pese a que siempre predicará la no-violencia (que también personalizaría Gandhi).

Escribió en varias revistas, y su obra fue publicada por sus amigos tras su muerte, de tuberculosis, en un sanatorio inglés. Destacamos “Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social”, “Escritos esenciales” y “Escritos históricos y políticos”.

Muestras de este pensamiento:

 

Hay que realizar lo posible para alcanzar lo imposible.

 

La belleza es la armonía entre el azar y el bien.

 

Solo el equilibrio deshace la fuerza.

 

Matar con el pensamiento todo cuanto se ama: única manera de morir.

 

Dinero, maquinización, álgebra. Los tres monstruos de la civilización actual. Analogía perfecta.

 

La grandeza del hombre está siempre en el hecho de recrear su vida. Recrear lo que le ha sido dado. Fraguar aquello mismo que padece. Con el trabajo produce su propia existencia natural.

 

Lo que cuenta en una vida humana no son los sucesos que la dominan a través de los años —o incluso de los meses— o incluso de los días. Es el modo en que se encadena cada minuto con el siguiente, y lo que le cuesta a cada cual en su cuerpo, en su corazón, en su alma —y por encima de todo, en el ejercicio de su facultad de atención— para efectuar minuto por minuto este encadenamiento.

 

La verdad no es un objeto de amor. Lo que se ama es algo que existe, que se piensa, y que por tal motivo puede ser ocasión de verdad o de error. Una verdad es siempre la verdad de algo. La verdad es la luz de la realidad. El objeto del amor no es la verdad, sino la realidad. Desear un contacto con una realidad es amarla. No se desea la verdad sino para amar en la verdad. Se desea conocer la verdad de aquello que se ama. En lugar de hablar de “amor a la verdad” es preferible hablar de un espíritu de verdad en el amor.

 

El Amor responde al Bien.

 

Cuando uno intenta acabar con la duda, aparece la tiranía.

 

El deseo es un anhelo del pensamiento hacia el porvenir.

 

La amistad no se busca, no se sueña, no se desea; se ejerce (es una virtud).

 

Nada en este mundo puede impedir a una persona sentir que ha nacido para ser libre. Jamás, pase lo que pase, puede aceptar su servidumbre, porque piensa.

 

Os invito a conocer a esta pensadora extraordinaria, movida por el deseo de paz y entendimiento entre las personas.

 

Feliz semana,

 

Álex Rovira

Alex Rovira