SIN ETIQUETAS

SIN ETIQUETAS

Parece que todo tiene que ser nombrado, etiquetado, ubicado, segmentado, taxonomizado, clasificado, sentenciado.

Nos cuesta mirar la vida sin conceptualizar, deteniendo el movimiento impulsivo que nuestra mente tiene de catalogar, juzgar, comparar.

¿Y si fuéramos capaces de mirar el mundo sin nombrarlo? ¿Y si pudiéramos mirar al árbol sin pensar “esto es un árbol”, mirar el mar sin decir “esto es el mar”, contemplar la flor sin llamarla “rosa”, o mirarnos a nosotros mismos, a los demás y a la vida sin castrarnos por las definiciones?

¿Imaginas una madurez que nos llevara a ver el mundo sin ese ejercicio compulsivo de nuestra mente de acotar lo real, de catalogarlo y, al hacerlo, de reducirlo a un cliché que evita matices y provoca prejuicios y proyecciones?

La paradoja: necesitamos las palabras como el aire. Benditas palabras que nos humanizan y nos ayudan a vivir y a aprender, a dialogar, a nombrar y a amar la literatura, la poesía, el conocimiento y tanto más.

Pero a veces, esas mismas palabras nos separan de la realidad, nos la alejan, porque nuestra mente se interpone entre ella y eso que llamamos yo, otra etiqueta, la mayor, quizás.

¿Y si dejáramos de poner etiquetas al yo y a la realidad por un instante, qué pasaría?

Probadlo, es un reto. ¿Cómo se hace? Haciéndolo. En realidad siempre estamos en el no-concepto, pero hemos olvidado cómo sabernos en él.

Ramana Maharshi apuntaba a ello, como otros grandes maestros de aquello que se viene a llamar la filosofía Vedanta-Advaita. Un camino que merece la pena conocer y explorar.

Mientras tanto, que las palabras nos unan hasta que lleguemos a darnos cuenta de que no necesitamos etiquetas, precisamente, para Ser.

 

Besos, abrazos.

Álex

Alex Rovira