LA RAMA

LA RAMA

Busco en el diccionario la voz “Rama”, y me quedo con sus dos primeras acepciones:

Rama.

1. f. Cada una de las partes que nacen del tronco o tallo principal de la planta y en las cuales brotan por lo común las hojas, las flores y los frutos.

2. f. Serie de personas que traen su origen en el mismo tronco.

Me llama la atención la segunda definición. Partimos de un mismo tronco, todos, y parecemos haberlo olvidado. Perdidos en la maraña de nuestras cuitas, olvidamos demasiado a menudo nuestro tronco común, no sólo con nuestros hermanos de especie, sino con todo aquello que nos une a la vida en esta Tierra, gran madre que nos acoge y nos alimenta.

Qué importante es reconocer y cuidar las ramas, los troncos comunes que nos unen y de los que procedemos. Y qué importante es hacer lo propio con esta Tierra tan bella, tronco primal, al que nos vamos cargando de a poco. No seremos conscientes del valor del aire hasta que tengamos que pagar por respirar. No seremos conscientes del valor, del verdadero valor de la Tierra, hasta que no tengamos donde sembrar. Nos perdemos por las ramas de lo accesorio, y olvidamos cuidar lo que es esencial. Si cada cual cuidara su parcela humana, su rama emocional, ecológica y social, con verdadera ternura y amor, otro mundo sería este. Tan fácil, tan difícil. Ya lo dijo Mandela: cambiar una sociedad es relativamente fácil, lo difícil es cambiarse a uno mismo. Ahí está el origen de todo.

Y ahora recuerdo que Octavio Paz escribió también un poema, titulado La Rama, que dice así:

Canta en la punta del pino
un pájaro detenido,
trémulo, sobre su trino.

Se yergue, flecha, en la rama,
se desvanece entre alas
y en música se derrama.

El pájaro es una astilla
que canta y se quema viva
en una nota amarilla.

Alzo los ojos: no hay nada.
Silencio sobre la rama,
sobre la rama quebrada.

Besos, abrazos.

Álex

Alex Rovira