Trabajar sin miedo

En su justa medida ayuda a ser prudentes, pero el miedo en el desarrollo de la actividad laboral suele acarrear pobres resultados empresariales. Ha sido el método tradicional impuesto a los trabajadores por jefes que ocultan con él sus propias inseguridades. Un libro invita a desterrar el temor como 'modus operandi'.

El miedo es una familia de emociones que van desde el pánico, el estrés o la ansiedad hasta el malestar temeroso. Todos sentimos el miedo, en alguna de sus variedades, cuando nos enfrentamos a un cambio o a determinadas situaciones laborales. Sin embargo, su sola mención en las empresas se considera tabú. Aunque, en general, sólo los mensajes atractivos tienen cabida en los discursos empresariales, entre bastidores está la cruda realidad: presión por los resultados, luchas de poder, riesgo de despidos y, por supuesto, el miedo.

En su libro NoMiedo. En la empresa y en la vida, de Alienta Editorial, Pilar Jericó explora a fondo los orígenes y causas del miedo, y además nos propone dos interesantes desafíos. El primero consiste en liberarnos de la gran cadena del miedo: desarrollar todo nuestro potencial, a menudo encorsetado por nuestras propias inseguridades. El segundo, en evitar la gestión empresarial basada en el miedo y optar por otra alternativa mucho más rentable: aquella que atiende en mayor medida al talento, el cambio y la innovación.

“El miedo ha sido el modelo clásico de gestión”, apunta Pilar. Sin embargo, los éxitos del pasado no garantizan los del futuro. Y la autora añade: “El futuro pertenece a quien sea capaz de crearlo, ya sea una empresa o una persona, siempre y cuando se atreva a romper las reglas de juego y a crecer sobre sí mismo”. Vamos a hacer un breve repaso a algunas de las ideas de este interesante libro, que, por primera vez, aborda el miedo como una variable explicativa de los pobres resultados empresariales.

Miedo equilibrante y miedo tóxico. La autora sostiene que todos necesitamos el miedo, en la medida en que nos ayuda a ser prudentes. Este tipo de miedo tiene su base biológica y nos ha ayudado a llegar aquí como especie. Ha equilibrado ciertos comportamientos, como asomarnos en exceso a una ventana o ser demasiado sinceros con nuestro jefe. Sin embargo, ese miedo puede deformarse y asesinar nuestro potencial. Es entonces cuando se convierte en miedo tóxico, el cual daña nuestras capacidades y nos deja vacíos de futuro. El miedo equilibrante y el tóxico están íntimamente relacionados, ya que ambos nacen de la misma emoción, pero el tóxico es una deformación del equilibrante. Por ejemplo, tememos perder el afecto de nuestros seres queridos (miedo equilibrante), pero condicionar nuestro comportamiento día tras día para obtener la aprobación de quienes nos rodean es miedo tóxico.

Consecuencias del miedo tóxico. Tal y como expresa Pilar Jericó, cuando una empresa emplea el miedo como fórmula de gestión de personas, convierte el miedo equilibrante en tóxico y daña nuestro talento, nuestra creatividad, nuestra capacidad de innovación, de adaptarnos a los cambios y nuestra visión de futuro. Y, por supuesto, dispara contra nuestra felicidad. La presión competitiva y la globalización han obligado a las empresas a orientarse hacia las personas más que nunca; sin embargo, al mismo tiempo nos empujan a tener mayores niveles de estrés y de ansiedad que los que hemos vivido en el pasado. A pesar de ello, existen todavía empresas que emplean el miedo como fórmula de gestión.

En un estudio que ella misma llevó a cabo entre 181 altos directivos, el 51% reconocía que era el método preferido para lograr los objetivos, posiblemente por tres motivos: ha sido el método tradicional y cuesta cambiar ciertos hábitos; ha funcionado mientras los mercados fueron estables, y la utilización del miedo encubre las inseguridades de quien lo emplea. Aunque, por supuesto, nunca lo dirá públicamente.

En este sentido, el libro abunda en interesantes datos, como los que proporciona un estudio realizado sobre 60 organizaciones punteras estadounidenses para analizar el estilo de dirección y sus resultados financieros. Las empresas dirigidas por “directores generales que inspiran respeto, lealtad e incluso cariño, más que miedo”, según los autores, habían incrementado sus resultados en los últimos 10 años un 758%, frente al 128% experimentado por las principales 500 empresas estadounidenses.

Motivaciones y miedos. Existen multitud de teorías que intentan explicar la motivación en el trabajo. Una de las más aceptadas es la propuesta por David McClelland. Según este profesor de la Universidad de Harvard, disponemos de tres tipos de motivos que explican nuestro comportamiento en el entorno laboral: logro, afiliación y poder o influencia. Pero los motivos anteriores son sólo una cara de la moneda. En la otra cara se oculta nuestro miedo. Alguien muy orientado al logro probablemente huirá del fracaso; quien necesite sentirse integrado en el grupo temerá el rechazo o la soledad; para quien le motive influir, la pérdida de poder será su peor pesadilla. Por supuesto, son casos extremos.

A los miedos anteriores les tenemos que añadir otros dos igual de importantes: a la no supervivencia (no llegar a fin de mes) y al cambio. “Probablemente, en el mundo empresarial el más acentuado es el miedo al fracaso, y entre los directivos, el miedo a la pérdida de poder”, argumenta a partir de sus investigaciones Pilar Jericó.

‘NoMiedo’ en la empresa. Obviamente, existe otro modo de dirigir personas: creyendo en ellas y apostando por el talento, el cambio y la innovación. La autora ha bautizado este modelo como “NoMiedo”, no porque pueda desaparecer el miedo de nuestro día a día (lo necesitamos para vivir), sino porque no se emplee como método para lograr los objetivos. Existen empresas y personas que lo están poniendo en práctica. Y para ello tenemos, entre otras, dos claves importantes: la comunicación y el liderazgo. La ausencia de comunicación nos genera profundas inseguridades. Un jefe que sepa comunicar, una organización que se preocupe por la transparencia, generará menos miedos que si la información se oculta por tener más control.

Liderazgo ‘NoMiedo’. “¿Cuál es el desafío del líder?”, se pregunta Pilar. “Ser valiente”, responde, y añade: “La valentía no sólo está en adentrarse en terrenos vírgenes como hacen emprendedores, innovadores o aventureros (que también, por supuesto), sino en explorar un terreno aún más difícil y exclusivo: el de los propios miedos”.

Sólo se puede liberar el potencial de los demás si previamente lo hemos hecho en nosotros. E insiste en la idea: “Es una cuestión de dinero [y de felicidad]”. El líder NoMiedo tiene un gran reto personal por delante: no controlar a sus colaboradores, dejarles hacer. Los jefes no están para ser los más sabios o los que más vigilan, sino para marcar direcciones y dar alas a sus colaboradores. Y añade: “Los mejores líderes tienen un punto en común, profundidad al cubo: tienen un profundo conocimiento de la persona, un profundo conocimiento de sus puntos débiles y fuertes, e inspiran una profunda confianza. Y los colaboradores quieren seguirlos no sólo por una decisión racional, sino también emocional”.

Los ricos también lloran

En cincuenta años hemos multiplicado nuestra capacidad adquisitiva, pero nuestros índices de felicidad declarada permanecen igual. Y, lo que es peor, las depresiones se han multiplicado por 10 en los países desarrollados. Nuestra felicidad está en la sala de urgencias: dos de los medicamentos más vendidos en el mundo son los de modalidad antiulcerosa y antidepresivos.

Según el Instituto Americano del Estrés, se calcula que, en Estados Unidos, el 43% de los profesionales sufre estrés. Parece que será la enfermedad estrella del siglo XXI.