MADRE TERESA DE CALCUTA

MADRE TERESA DE CALCUTA

Agnes Gonxha Bojaxhiu es el verdadero nombre de un icono del siglo XX y una figura clave para entender valores como la solidaridad, la generosidad, la humanidad y el amor incondicional: la Madre Teresa, llamada de Calcuta por haber dedicado su vida a labores de ayuda y caridad en esa ciudad, nació en Skopje (actual Macedonia y anterior Albania), en 1910, y falleció en 1997.

Fundaría la congregación de las Misioneras de la Caridad para dar cobertura a “los más pobres de los pobres”, guiada por una vocación inquebrantable de ser misionera. Hasta ese momento, en la década de 1950, la Madre Teresa había viajado a la India y estudiado Magisterio. Pasó veinte años como profesora en la St. Mary’s High School de Calcuta. Estudió también enfermería y abrió sus primeros centros de acogida de niños. Es en 1965 cuando la Iglesia reconoció la congregación, que acogía a personas de cualquier credo, siempre que estuviesen necesitados.

En 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz, respetada por instituciones, gobiernos y personalidades de todo el mundo por su labor moral y por ser una fuente de inspiración. El Vaticano la designó mediadora y representante en conflictos como el del Líbano o en encuentros internacionales de las Naciones Unidas.

La “Santa de las cloacas”, como era conocida, fue beatificada tras su muerte en una ceremonia multitudinaria.

La Madre Teresa creía en la acción y en el amor al prójimo:

 

Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.

 

A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota.

 

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.

 

No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y más feliz.

 

La paz comienza con una sonrisa.

 

No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor.

 

La vida es un juego; participa en él. La vida es demasiado preciosa; no la destruyas.

 

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

 

El hambre de amor es mucho más difícil de erradicar que el hambre de pan.

 

Para hacer que una lámpara esté siempre encendida, no debemos de dejar de ponerle aceite.

 

Feliz y humana semana,

Álex Rovira

Alex Rovira