LA MIRADA

LA MIRADA

Cada uno de nosotros tiene una mirada. Y no me refiero a lo que los otros vemos en su rostro, en sus ojos, cuando mira. Me refiero a cómo miramos el mundo.

La mirada se manifiesta en todo: lo que creo ser, lo que creo del otro, lo que creo de la vida. La mirada se expresa en todo: en el vestir, en el andar, en el hablar, en el ser. La mirada de alguien es, quizás, lo que mejor define a ese alguien.

El poeta tiene una mirada, como la tiene el asesino, o el enamorado, o el temeroso. Hay miradas para todo, y cada cual tiene su mirada.

Este domingo, paseando por el camino cercano a casa, un grupo de genistas brillaban al sol de poniente. Al verlas me acordé de la canción “Mediterráneo”, de Serrat. Quizás mi canción favorita, porque en ella, el poeta cantautor resume el alma de esta tierra bendecida por el mar y por la sombra de los pinos, y las genistas. Y, gracias a la mirada de Joan Manuel, mientras capturaba los amarillos de las flores con la cámara, la canción sonaba una y otra vez en mi interior, y la cantaba.

Quizá porque mi niñez
sigue jugando en tu playa,
y escondido tras las cañas
duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor
por donde quiera que vaya,
y amontonado en tu arena
guardo amor, juegos y penas.

Yo,
que en la piel tengo el sabor
amargo del llanto eterno,
que han vertido en ti cien pueblos
de Algeciras a Estambul,
para que pintes de azul
sus largas noches de invierno.
Y a fuerza de desventuras,
tu alma es profunda y oscura.

A tus atardeceres rojos
se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino…
Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino,
Tengo alma de marinero…
¿Y qué le voy a hacer, si yo
nací en el Mediterráneo?

Y te acercas, y te vas
después de besar mi aldea.
Jugando con la marea
te vas, pensando en volver.
Eres como una mujer
perfumadita de brea
que se añora y que se quiere
que se conoce y se teme.

Ay…
si un día para mi mal
viene a buscarme la parca.
Empujad al mar mi barca
con un levante otoñal
y dejad que el temporal
desguace sus alas blancas.
Y a mí enterradme sin duelo
entre la playa y el cielo…

En la ladera de un monte,
más alto que el horizonte.
Quiero tener buena vista.
Mi cuerpo será camino,
le daré verde a los pinos
y amarillo a la genista…
Cerca del mar. Porque yo
nací en el Mediterráneo…

Y añoré el mar, que me quedaba un poco lejos, y el olor a la brea, y el tacto de la arena en los pies, y la brisa que refresca en una tarde calurosa de julio. Y la ginesta me llevó al mar de la mano de la memoria de la canción que escribió un poeta de mirada lúcida y bella. Y nos unió una mirada, y una memoria, y una tierra, pero todo nació de una mirada, como ahora nos une a los que miramos estas letras.

Porque la mirada crea canciones e ideas, paradigmas y poemas, sentidos y sinsentidos, paradojas y certidumbres, enigmas y misterios, demostraciones y mostraciones, encuentros y desencuentros, visiones y esperanzas.

Háblame de tu mirada, de lo que te gusta mirar, contemplar. Háblame de ella, y muéstrame otros modos de captar el mundo, por favor.

Besos, abrazos,

Álex

Alex Rovira